El Veterinario Y El Perro

Consultas previas y exámenes periódicos

Desde que adquirimos por vez primera un perro o cachorro e incluso antes, aunque pueda parecer absurdo, hemos de elegir el profesional titulado que vigile el estado sanitario de ese buen amigo con el que hemos decidido compartir nuestra vida.

EL VETERINARIO Y EL PERRO

El veterinario debe gozar de nuestra plena y total confianza, tener la consulta lo más próxima posible a nuestro domicilio y ser para el perro otro amigo más. Es muy frecuente que, en las consultas de las clínicas veterinarias, los animalitos quieran escaparse resistiéndose, a veces muy tenazmente, a trasponer el dintel de la puerta, pues recuerdan el lugar como algo desagradable, donde se les causó algún dolor sin distinguir que, lógicamente, era por su bienestar. Un poco de psicología combinada con cierta dosis de mano izquierda nos ayudarán a trocar ese temor y desconfianza en cariño e indiferencia para que la visita sanitaria obligada o periódica no constituya un episodio desagradable y muchas veces laborioso.


La visita al veterinario

Siempre que sea posible, previa petición de hora, acudiremos con nuestro perro a las consultas procurando no alargar en las salas de espera esos tediosos y dilatados momentos que hemos de aguardar hasta que se nos recibe. Salas de espera atestadas de animales, generalmente perros, y lógicamente enfermos en la mayoría de los casos, deprimen el estado de ánimo del animal previsiblemente nervioso por las aglomeraciones y atemorizados por los quejidos de dolor de los pacientes que están siendo atendidos. Cuando no sea posible concertar la visita de forma que podamos ser atendidos prontamente habrá que solicitar un número o turno de espera y llevar al perro a pasear por las inmediaciones o dejarle descansando en el interior del automóvil. El propietario debe parecer alegre y confiado, halagando al can. Llegado nuestro turno y al entrar en la
sala de exploración saludaremos correctamente al veterinario, sujetando y tranquilizando al animal si fuese objeto de exploración. Siempre previa autorización facultativa obsequiaremos al perro con una golosina especifica a la salida del consultorio, demostrando que nos agradó su comportamiento.

La obsevación minuciosa de estas pequeñas actitudes predispone al animalito a aceptar con resignación, si no de buen grado, otra próxima visita a un lugar que en su comprensión significa un ambiente extraño donde es manoseado, palpado y pinchado por una persona ajena ante la que su amo, máximo ser para él, parece sentir una extraña mezcla de temor y respeto.


Periodicidad de los exámenes veterinarios

Además de las ocasiones en que la salud del perro nos obligue a acudir al facultativo existen una serie de visitas de rutina, que han de vigilar el estado sanitario del animalito. ¿Cómo decidir la periodicidad de las visitas? Será el propio veterinario quien aconseje y fije el calendario de exploración de rutina, en función de la edad del perro y de las eventuales vacunaciones que hayan de administrársele, pero como norma general nosotros aconsejamos una revisión cada seis meses, como mínimo, suponiendo que no exista ningún síntoma de enfermedad en el perro.


Los remedios caseros

Son legión las recetas caseras más o menos fundamentadas que amigos y vecinos e incluso criadores caninos nos brindarán, con su mejor intención, para solucionar alguna alteración de nuestro perro. Nunca debemos experimentar estas soluciones mágicas sin consultar previamente con el veterinario que decidirá al respecto.


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