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Adiestramiento Del Perro Para Paseo

ADIESTRAMIENTO DEL PERRO PARA PASEO

Adiestrar

2. tr. Amaestrar, domar a un animal.

El paseo: placer o suplicio

No solamente los canes de ciudad, sino también aquellos que en el campo dedican su vida útil a la guarderí­a y vigilancia de viviendas o propiedades rurales, se sienten o parecen mostrarse especialmente alegres cuando su amo les dedica unos minutos para deambular por áreas abiertas, parques o zonas silvestres. Estos momentos que, por supuesto, no son tan necesarios para los perros que pueden recorrer un espacio grande de terreno, se rinden imprescindibles para los animales de ciudad confinados en un piso del que únicamente salen para realizar sus necesidades fisiológicas dos o tres veces diarias.

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En cualquier caso, el propietario ha de dedicar bastante tiempo a esta actividad en la que generalmente establece lazos de amistad con otras personas que se reúnen en algún parque o descampado próximo a la zona urbana de residencia. Las dos o tres horas diarias de paseo con buen o mal tiempo, de dí­a y de noche, serán ratos inolvidables, de gozo y comunicación con nuestro perro o, por el contrario, auténticos suplicios en los que evitaremos el encuentro con otras personas y canes, estando además pendientes de las pertinaces desobediencias de nuestro mal educado ‘pupilo’.

Libertad y obediencia

Es un binomio muy difí­cil de conseguir con determinados ejemplares de perros que, independientemente de la raza, se obstinan en tirar de su dueño si van atados con la correa o se escapan de él molestando a otros canes, entablando peleas o cruzando peligrosamente las calles con riesgo para su propia vida y lo que es peor, siendo, a veces, causantes de accidentes de circulación.

Tanto sujeto por la traí­lla, como suelto en los lugares en que esté permitido por las leyes municipales, el can deberá siempre obedecer prestamente las órdenes de su amo. Estas enseñanzas, difí­ciles, con cierta frecuencia han de sustentarse en el reflejo instantáneo a la llamada. Con esta base ineludible, se acostumbrará a pasear con el animal atado muy corto a la izquierda de la persona y tirando suavemente si intenta adelantarse o lo que es mejor dando en su hocico un ligero ‘papirotazo’ con un periódico que el paseador llevará en su mano derecha al tiempo que se le ‘regaña’ con un ‘no’ seco y enérgico.

Este tipo de aprendizaje, ha de iniciarse desde que el cachorro cumple los tres meses, pero muy suavemente, alternándolo con grandes perí­odos de ‘libertad’ que se irán amoldando, de forma que el perro libre ejecute los mismos ejercicios y acompase su andar al de sus amos.

Utilizando la traí­lla se combinará este adiestramiento elemental para el paseo parándonos en seco o girando a derecha e izquierda de forma que el animalito se habitúe a circular correctamente por la calle.

Las reuniones, sobre todo nocturnas, de dueños de perros, que a la misma hora salen de sus casas para pasear, suelen convertirse en agradables tertulias de amigos, que no podemos disfrutar si nuestro animal es agresivo o desobediente.

Es lógico, sin embargo, que todos los canes de la vecindad establezcan un orden jerárquico dirimido a veces con ‘los recién llegados’ mediante pequeñas disputas o ‘revolcones’.

La serenidad y conocimiento de los amos, deberá distinguir la escaramuza eventual de la rarí­sima ‘pelea verdadera’ poniendo coto a esta última, si fuera necesario, pero dejando que los propios animales arreglen sus asuntos cuando no exista riesgo para su integridad fí­sica.