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Rapaces Nocturnas

Las rapaces nocturnas

Comprendidas en el orden sistemático llamado Estrigiformes estas aves tienen pico fuerte, más bien corto, muy curvado y cortante. Los ojos, grandes, situados frontalmente, se engastan en unos discos faciales plumosos, sumamente característicos. La cabeza es grande potente y puede girar casi en redondo alrededor del cuello. El cuerpo de apariencia rechoncha, por el espeso plumaje, es enjuto, nervudo y musculado, pero además de la cabeza tal vez sean las patas, con garras auténticamente aceradas, una de las peculiaridades más diferenciales de estas aves útiles, en regresión algunas en verdadero peligro de extinción, que suelen estar protegidas por la legislación en la mayoría de los países que integran su
área de habitabilidad.

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Desde el impresionante búho nival o el ‘Gran duque’, de penachos plumosos a guisa de orejas, con tallas más que considerables, hasta el pequeño autillo o el más popular mochuelo, la gran cantidad de plumas que recubre el cuerpo de estos cazadores de la noche tiene una textura flexible y sedosa que amortigua el aleteo y convierte a estas rapaces en matadores silenciosos, cuyas presas son sorprendidas en el momento del ataque.

El espectro alimenticio es sumamente variado, desde invertebrados, batracios y reptiles, hasta zorros árticos pasando por una pléyade de roedores, pero siempre serán capturados vivos por las propias aves.

La rehabilitación de una estrigiforme herida o la tenencia eventual de tan enigmático huésped supone evidentemente la aceptación de una responsabilidad de cierta envergadura para el amante de los animales, ya que, si bien podemos habituar a un búho lechuza o cárabo a consumir pequeñas albóndigas de carne picada que les ofrezcamos ‘en mano’, estos animales ‘domésticos’ serán incapaces de reinsertarse en el mundo de la naturaleza al que pertenecen. Por otra parte, la mayoría de los paseriformes atacan furiosamente a las estrigiformes si las encuentran ‘a pleno día’ en lugares descubiertos.

Estas peculiaridades nos exigirán además de los oportunos permisos oficiales, la provisión de presas vivas adecuadas al tamaño y hábitos de la nictálope hasta que sea capaz de volar, haya curado sus heridas o esté completamente lista para reintegrarse al entorno silvestre.

La suelta del cazador alado ya sano siempre ha de realizarse durante el crepúsculo, de forma que no salga espantado y siempre que sea posible transportando el jaulón a un área propicia y dejando abierta la puerta de grandes dimensiones para que, si asi lo desea, permanezca al menos unos dias por los alrededores. Con este sistema pueden ser llevados a las cercanías todas las tardes animalillos vivos de los habitualmente ofrecidos como alimento, que serán más fáciles que los tímidos y huidizos huéspedes silvestres del biotopo considerado.

Desgraciadamente, las rapaces nocturnas han sido consideradas, desde muy antiguo, en muchos países, animales asociados con la brujería, simbolos de mal agüero y reencarnaciones de espíritus malignos, con la subsiguiente persecución, acoso o temor casi enfermizo a su vecindad. Es posible que esta aversión visceral, provocada por el desconocimiento biológico de la función de estas aves, se apoye en sus evoluciones silenciosas, en los gritos ululantes que emiten como reclamo o en los bufidos jadeantes que dejan escapar desde sus refugios. Hoy día la vulgarización biológica y el alcance cultural han permitido que, poco a poco, se respeten o al menos se ignoren estas maravillosas aves que integran el grupo de las estrigiformes.