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Rapaces Diurnas de Gran Tamaño

Señores del aire

El orden Falconiformes agrupa todas las aves rapaces de costumbres diurnas dotadas con pico fuerte, ganchudo y afilado, alas largas, poderosas y patas robustas con uñas como navajas. Tanto los buitres como las águilas, los milanos, halcones, cernícalos o ratoneros son animales protegidos por la legislación de muchos países, entre ellos España, que precisan de trámites y permisos of iciales para ser mantenidos en cautividad con fines deportivos, práctica de cetrería, o científicos, estudio de sus costumbres e intento de reproducción. La especial constitución de estas aves suele aprovechar los fenómenos de flujo ascensional debido a las corrientes térmicas, permitiéndoles un vuelo elegante, a grandes alturas, con una relativa economía de movimientos y el consiguiente gasto proporcionado de energías.

/+/+RAPACES DIURNAS DE GRAN TAMAÑO

Salvo contadas excepciones de aves enfermas o heridas, que precisan la cautividad paternal, el entorno más adecuado para estos depredadores aéreos es el aire libre.

La disminución alarmante en los paises desarrollados de las poblaciones de águilas, halcones e incluso de buitres ha promovido el estudio de las causas originarias de esta progresiva reducción, así como los intentos respecto a la conservación de estas especies.

Fenómenos ligados a la degradación de los ecosistemas naturales, contaminación ambiental y regresión de las presas tradicionales en las especies cazadoras, así como a la estabulación del ganado y enterramiento de reses muertas, en los grandes necrófagos parecen acelerar el lento ocaso de unas aves magníficas, admiradas desde muy antiguo por el hombre, que deben ser respetadas y cuidadas como precioso patrimonio común de la vida sobre el planeta Tierra.

Protección efectiva de las grandes rapaces

Cualquier amante de los animales puede contribuir a la protección de estas heráldicas aves de diversas formas directas e indirectas. El estricto cumplimiento de las leyes vigentes es suficiente para una gran mayoría de cazadores y naturalistas, pero el ornitólogo o el aficionado pueden cooperar intentando hacer respetar las zonas de nidificación, aportando aves enfermas o heridas hasta la cercanía de los nidos conocidos, construyendo buitreras despejadas y protegidas de la vista de excursionistas ocasionales en los valles o planicies salvajes próximas a los farallones rocosos que acogen las colonias reducidas de buitres comunes o el aislado nido del quebrantahuesos.

Las aves heridas o los pequeños polluelos robados de los nidos que providencialmente lleguen a nuestras manos han de ser cuidados eventualmente hasta que puedan ser albergados en los centros of iciales de recuperacón de aves rapaces existentes en España. En estas instalaciones se posibilita la curación o el completo desarrollo del animal sin habituarle irreversiblemente a la cautividad, de forma que, una vez
curado, apto para el vuelo, sea capaz de proporcionarse las presas necesarias para sus subsistencia.

Esta tarea, más difícil de lo que a simple vista pudiera parecer, requiere la utilización de presas vivas, roedores y aves, previamente criados en cautividad, que son ofrecidos a los ejemplares ‘en recuperación’ hasta lograr que los capturen con su esfuerzo. Las aves que pueden reintegrarse a la vida libre son anilladas para poder realizar posteriores estudios. Aquellos animales menos afortunados que deben permanecer cautivos servirán para intentos de reproduccion en cautividad a fin de conservar estas fortalezas volantes sobre los cielos de los reductos silvestres.