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Gallinas Ornamentales

Razas de gallinas

A lo largo de muchos siglos, más de dos mil años, el hombre ha criado y seleccionado múltiples razas de gallo doméstico, procedentes de las formas indoasiáticas del ya legendario gallo Bankiva. Tal vez fueron los romanos quienes comenzaron la expansión rápida de las primeras formas de excelentes características como animales de abasto, muy apreciados en las más encumbradas mesas. Sin embargo, el siglo XIX marca la vulgarización de estas aves como algo más que productoras de huevos o carne, introduciendo el concepto puramente deportivo de su mantenimiento.

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Los estándares reconocidos distinguen las razas y sus colores, estableciendo puntuaciones máximas a diferentes características: simetría general del ejemplar hasta cuatro puntos. Peso legal o tamaño correcto, también hasta cuatro puntos. Condición y vigor se evalúan con un máximo de 10. Cresta, cinco. Mandíbula superior o pico, tres. Mejillas y cabeza, cuatro. Barbillas o ‘telenguendengues’, dos. Lóbulos carunculados. cuatro. Cuello, seis. Dorso, 12. Cola, ocho. Alas, ocho. Pecho, 10. Cuerpo y abdomen, ocho, y patas, con sus dedos, ocho puntos máximos. La suma de las puntuaciones de suma perfección, sería teóricamente igual a 100. Además, intervienen la apariencia general y pureza del color, tanto en las capas blancas como en las correspondientes a las otras tonalidades.

Las coloraciones básicas admitidas son: negra, blanca, azul, pardo ciervo, roja y amarilla, pero incluyen los rolos-negro, así como todas las vanaciones de dorados y las mezclas uniformes o barradas estriadas.

Tal vez los no iniciados piensan en las formas actuales más llamativas, como las ‘polacas moñudas’, las silkies o los siempre espectaculares Yokohamas a las que tal vez, en un esfuerzo memorístico, añadan las razas de pelea utilizadas en los crueles espectáculos de lucha de gallos. Sin embargo, al largo centenar de razas ‘normales’, habremos de sumar las magníficas variedades ‘enanas’ conocidas en el mundillo ornitológico como selecciones Bantam por su similitud en cuanto al reducido tamaño de las gallinas originarias de dicha región.

Gallinas miniatura

Las escasas disponibilidades de espacio impuestas por la vida moderna, unidas al consumo elevado de pienso que originan las gallinas, además de la novedad que supusieron los primeros gallos enanos, han originado casi una afición paralela por las razas miniatura. Pekinesas, japonesas, belgas, bantams multicolores, barbudas, inglesas miniatura de pelea, etc., compiten en una explosión de color y belleza, pudiendo ser albergadas en jaulones escasamente mayores que los empleados para la reproducción de los canarios. Formas de botijo, crestas de coloraci6n y morfología variada, plumajes rizados o ‘piliformes’ tarsos emplumados, que vulgarmente se llaman ‘botines’, han de combinarse con colores prácticamente inimaginables como los Sebright plateados o dorados de cresta amoratada y capa a ‘placas orladas’ por un reborde oscuro. Casi todas las formas actuales tienden a buscar el enanismo, que permite mayor facilidad y vulgarización de la cría de estas joyas vivientes conocidas como gallos y gallinas.

Parecen casi increibles las cifras medias de postura de algunas Leghorn que superan trescientos huevos anuales. La producción ganadera tiene otros objetivos; pero, sin embargo, no desdeña la búsqueda de formas armónicas dotadas con plumajes de bellísima textura y espectacular colorido.